En las últimas semanas, el CCIRR ha seguido con atención el tratamiento legislativo de la reforma laboral.
Consideramos necesario actualizar el marco normativo vigente: la legislación actual muestra desfasajes frente a las nuevas dinámicas del trabajo y presenta asimetrías relevantes respecto de otros países que afectan la competitividad y la generación de empleo formal. El desempeño del mercado laboral de los últimos 10 o 12 años es, en buena medida, consecuencia de sostener reglas pensadas para otra realidad.
Sin embargo, será fundamental construir consensos reales, genuinos y equilibrados que permitan avanzar en el resto de las transformaciones estructurales que hoy resultan impostergables. La modernización laboral es un paso necesario, pero claramente insuficiente: los desafíos del entramado socio-productivo argentino exceden ampliamente la discusión sobre convenios, horas extras o licencias.
En ese marco, resulta prioritario impulsar una verdadera reestructuración integral del sistema impositivo en los tres niveles de gobierno. La Argentina necesita un shock de competitividad que va mucho más allá de lo cambiario: es difícil competir cuando los bienes locales cargan con niveles de costo impositivo sustancialmente superiores a los de productos importados. Del mismo modo, se requieren herramientas concretas de financiamiento productivo: el crédito debe volver a ser un instrumento de desarrollo y no una barrera de acceso.
Al mismo tiempo, la estabilidad macroeconómica debe complementarse con un programa que reactive la actividad. Numerosos sectores operan hoy con baja demanda, márgenes mínimos y escasa previsibilidad. En este escenario el entramado productivo pierde densidad, se debilitan las cadenas de valor y se compromete el crecimiento sostenido. La presión de costos impositivos, logísticos y financieros se vuelve especialmente insostenible en contextos de baja actividad y apertura de importaciones, dejando a muchas empresas en una lógica defensiva, orientada únicamente a sobrevivir. El desafío es pasar de la resistencia al crecimiento, reconstruyendo un entorno que combine estabilidad con desarrollo productivo.
Finalmente, es importante señalar que también resulta necesario abordar otros ejes estratégicos, tales como el fortalecimiento del sistema educativo, científico y tecnológico y la reactivación de obras de infraestructura indispensables para un desarrollo verdaderamente sostenible. Las transformaciones necesarias no dependen de una sola medida, sino de coordinación, continuidad y visión de largo plazo.