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un informe creado para Argendata, Guido Zack y Emiliano Libman explican que “el sistema tributario es la principal fuente de financiamiento del Estado y una herramienta poderosa de la política económica: determina ingresos del sector público, quién paga esa carga y cómo se distribuyen sus costos entre las personas y el sector productivo. Medirlo en el tiempo y compararlo con otros sistemas no es sencillo por la diversidad de niveles gubernamentales que involucra y los diferentes tributos con bases, alícuotas y objetivos distintos”.
Los autores detallan que “la carga tributaria argentina creció de forma sostenida durante buena parte de las últimas tres décadas. Alcanzó un récord histórico en 2015. Sin embargo, en los últimos años inició una fase de descenso”.
Aún así, señalan, “Argentina tiene una presión tributaria alta para su nivel de desarrollo”, teniendo en cuenta que, “con una presión del 27,6% del PIB en 2024, se ubica por encima del promedio de América Latina y el Caribe (21,7%) y de los países en desarrollo. De hecho, es el segundo país latinoamericano con mayor presión tributaria, detrás de Brasil (33,7%), y se acerca al promedio de los países de la OCDE (34,1%), un grupo integrado mayormente por economías desarrolladas.
Esta comparación subestima la carga real que soporta el sector formal, dado que la economía argentina tiene una proporción significativa de actividad informal. Si se considera el PIB descontando la economía informal y las ramas que no tributan (administración pública, educación y salud pública, y alquileres imputados), la presión tributaria sobre el sector formal aumenta hasta el 42,4% en 2021. En esta medición supera el promedio de la OCDE.
Incorporar al sistema tributario a la porción de la economía que opera en la informalidad permitiría fortalecer la recaudación sin necesidad de aumentar impuestos y distribuir esa carga de manera más equitativa. Si bien la informalidad responde a múltiples factores, la propia estructura tributaria argentina contribuye al problema”.
En otro orden, subrayan, “el sistema tributario argentino es regresivo”, dado que está centrado en impuestos indirectos que obligan a las familias de menores ingresos a destinar “una proporción considerable de lo que ganan al consumo. Esta es la base imponible del IVA, principal impuesto indirecto (en el caso argentino se debería agregar también el impuesto en cascada a los Ingresos Brutos)”.
En efecto, “las familias de menores ingresos (decil 1), pagan más del 35% de sus ingresos en impuestos. Este porcentaje decrece a medida que se avanza hacia deciles más altos. El decil 10 paga menos del 25% de sus ingresos en impuestos”.
En paralelo, en nuestro país “la evasión tributaria es elevada con relación al resto del mundo” y “explica en gran parte la ineficiencia recaudatoria del Estado”.
Fuente: Argendata.